UN DIA EN EL ARSENAL DE CARTAGENA

     "Ad Utrumque Paratus"; estamos preparados. Este es el lema del Arma Submarina que aparece bordeando el Escudo de la Flotilla, en los jardines de la Base de Submarinos del Arsenal de Cartagena.

     Hacía tiempo que no afloraba ese sentimiento que tantos tenemos "durmiente" -porque el sistema nos lo impone-, de ser español y miembro de una nación que tiene, como todas, una historia escrita en páginas de oro, aunque también las tenga negras. Ahora, que ser español, lejos de una realidad incuestionable, se plantea como una opción política, el sentirse como tal es, ciertamente, la evidencia de algo que todos llevamos dentro, que se "despierta", entre otras, en las manifestaciones sociales y culturales que se suelen admitir -y no siempre- por los de lo "políticamente correcto". El sentimiento mío del otro día no fue porque asistiera a un partido de la selección española ni porque visualizara el triunfo o el invento de un compatriota. No. Lo de aquella mañana en el Arsenal, compartiendo unas horas con una gente que escogió por profesión servir a la Patria en la Armada, y ser así garantía en la defensa de la unidad, independencia e integridad de España, fue algo especial.

     Ellos vestían un impoluto azul oceánico. Algunos se movían de un sitio a otro llevando los últimos enseres. Todo estaba listo para que el Siroco zarpara y se sumergiera rumbo a algún lugar del Mediterráneo donde pasarían los próximos 30 días, en que sus "ocupantes" -perdónenme que no use, por desconocimiento, el término marino adecuado-, dejan en tierra a sus familias y seres queridos, con la esperanza de "no perderse nada importante" durante esta obligada ausencia. Ahí, junto a los pertrechos está la foto de los hijos, de los padres o de la novia -o del novio- y más allá, a la vista de quien quiera mirarla, una imagen de la Reina de los Mares, como una tripulante más de entre el medio centenar que conforma la dotación de este "doble casco" con nombre de viento que Bazán construyó en 1983. Ella les sirve de guía y esperanza.

     El Arsenal de Cartagena, cuyas piedras datan de 1755, ha marcado la impronta de esta tierra y su gente, tan ligada a la mar y, muy especialmente, al mundo submarino. Aquí nació hace 155 años Isaac Peral. Y aquí se fundó por la "Ley Miranda" (1915) el Arma Submarina española y, tres años más tarde, la Escuela de Submarinistas, de la que fue su primer Director D. Mateo García y de los Reyes, nacido al otro lado del océano (Montevideo), héroe de la campaña de Marruecos (donde se ganó la Medalla Naval, tras la primera acción de guerra del Arma Submarina en aguas del Peñón de Vélez de la Gomera), Ministro de Marina, y … más que no pudo, al ser asesinado en noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama, víctima del odio marxista de los sicarios de la terrible Junta de Defensa de Madrid que lo consideró, como a tantos otros miles cuyos cuerpos ahí reposan, enemigo de la República, en este caso "acreditado" por haber sido nombrado Gentilhombre de Cámara de Don Alfonso XIII.

     El Arma Submarina tiene, además, en sus integrantes ese "algo" que les es innato en sus operaciones y estrategia: el permanecer inadvertidos y discretos no sólo para el enemigo, en operaciones militares, sino también en la vida ordinaria, realizando su actividad diaria sin grandes fastos, pero siempre, como reza su lema, preparados para la acción. Sí, esa soleada mañana sentí un profundo orgullo de ser español mientras paseaba por los Jardines de la Base, ante al busto del insigne Peral y del Fundador de la Escuela, donde se levanta una pequeña capilla en la que junto al Sagrario hay una imagen de la Virgen del Pilar, Patrona de los Submarinistas desde 1946 en que la Diputación de Zaragoza acordó por unanimidad entregarla a la Base, y a la que ahora, antes de subir a bordo para sumergirse, saludan y se despiden "hasta la vuelta" los hijos que la tiene por Madre.

     No quiero terminar estas letras -donde he querido reflejar esta pequeña experiencia vivida hace unos días- sin antes agradecer al Almirante, Jefe de la Fuerza de Acción Marítima, al Vicealmirante, Jefe del Arsenal, al Contralmirante, Jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Acción Marítima, al Capitán de Navío, Comandante de la Base de Submarinos y al Comandante del Siroco, su generosidad, entrega y espíritu patriótico y de servicio que tanto sentí un día que culminó, como un final de singladura, en la Atalaya, el Club Naval donde terminan muchos de esos días que, ante la ausencia de los que zarparon, se tratan de acortar por los que en tierra quedaron. Siempre tendré en el recuerdo esta estancia cartagenera de pocas horas pero que supieron a mucho, en compañía de queridos amigos, viejos marinos y apasionados de la mar océana.

ARTICULO ESCRITO POR D. SANTIAGO MILANS DEL BOSCH Y JORDÁN DE URRIES, Y PUBLICADO EN EL PERIODICO "LA OPINION DE CARTAGENA" EL DIA 5 DE ABRIL DE 2005.


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