SUBMARINO "B-1"

NOMBREPUESTA DE
QUILLA
BOTADURAALTA EN LA
ARMADA
BAJA EN LA
ARMADA
B-101-02-191702-06-192111-01-192121-10-1941

Fue el primer submarino de la clase «B», construido por la Sociedad Española de Construcciones Navales de Cartagena, que puso su quilla el día 1 de febrero de 1917, botado el 2 de junio de 1921 y entregado a la Armada el día 11 de enero de 1922, siendo su comandante el TN. Regalado Fernández.

     El 9 de septiembre de 1922, S.M. el Rey Alfonso XIII, que había promulgado la ley Miranda creando el Arma Submarina, embarco en él y efectuó un viaje en inmersión desde Pasajes a San Sebastián.

     El bautismo de fuego de esta unidad tuvo lugar en Marruecos, en primavera de 1922, las noticias que llegaban de allí no podían ser más alarmantes, las cavilas morunas se habían sublevado contra la presencia militar española, y las distintas guarniciones repelían como podían los ataques, pero la situación en el peñón de Vélez de la Gomera, era realmente grave. Las dimensiones del minúsculo peñón, 360 m de largo, por 109 de ancho y una elevación máxima de 77 m, lo convertían en una ratonera para sus habitantes.

     En tal situación el ministro de Marina, don José Rivera y Álvarez de Canero, ordena al jefe de la Estación de Submarinos, capitán de Fragata don Mateo García de los Reyes, que dos submarinos, debían ser alistados, para salir urgentemente hacia el peñón e intentar evacuar a su población civil.

     Los submarinos que son alistados son él «A-0» al mando del T.N. Casimiro Carre Chicarro y como 2º Comte. al T.N. Jose Sierra Carmona y el «B-1», al mando del T.N. Francisco Regalado Rodríguez. El jefe de flotilla embarca en el primero y se hacen a la mar el día 17 de abril de 1922, rumbo a Melilla. Por la noche parten hacia el peñón junto con el acorazado «España», ya por la mañana y a la vista del peñón los dos submarinos hacen inmersión y a cota periscópica se dirigen a él, primero él «A-0» y siguiéndole aguas él    «B-1».

     Una vez cerca del peñón mientras el «B-1», se mantiene a retaguardia el «Peral» rodeando la caleta intenta meterse en la pequeña ensenada que hay entre el peñón y la costa, la maniobra es arriesgada, pero consigue al final hacer superficie, entre tanto el «B-1», hace también superficie y se mantiene al socaire del peñón.

     El jefe de flotilla propone la evacuación del personal civil al comandante militar del peñón, que acepta sin dudar el ofrecimiento, en ese momento una granada cae a pocos metros del costado del submarino, no produciendo ningún daño. Así que sobre la marcha acuerdan que a las 22:30 horas el submarino meterá la proa en la caleta y un bote del «España» hará el barqueo de niños, mujeres y hombres no combatientes, por ese orden.

     El «Peral» y él «B-1» comienzan la evasión y cuando creen estar fuera del alcance de las armas del enemigo, el «B-1» da una pitada larga, que es interpretada por las tropas moras como un desafío, lo que les hace redoblar sus andanadas, sin resultado, por suerte para los submarinos.

     A las 22:30 horas comienza la aproximación de los dos submarinos con un botalón provisionalmente instalado en proa y las dos gasolineras del «España», las ordenes se dan en voz baja, la derrota que se había hecho por la mañana se repite, pero esta vez en superficie, al poco se oye un chasquido a bordo. El botalón de madera del «Peral» ha tocado tierra en la cala que hay debajo del cementerio, la maniobra está saliendo según lo previsto, pero el ruido de los motores de las gasolineras ha alertado a los moros, que comienzan a disparar. A la hora prevista comienza el barqueo, que se desarrolla con una lentitud excesiva, de tal modo que a las 00:30 horas solo se ha conseguido embarcar a 35 personas y según él calculo, el orto de luna seria a las 01:00 horas. Con lo que los tiradores moros afinarían la puntería. Media hora después, unas pocas mujeres y niños logran embarcar. La luna sale y él «Peral» queda oculto tras la sombra que proyecta el peñón. Entre tanto, el «B-1», que lleva casi tres horas en espera, queda fuera de la sombra, y a contraluz no consigue ver al «Peral», así que su comandante, impacientado por la tardanza, toma la decisión de aproximarse también a la caleta, en la que termina por acercar su proa. El jefe no ve con buenos ojos la maniobra, ya que allí no hay sitio para los dos barcos, e increpa al comandante: ésas no eran las órdenes que él había dado, por lo que le ordena salir y dirigirse al «España», a informar.

     A las 03:00 horas las corrientes empiezan a abatir el barco y el Jefe ordena al comandante que salga de la caleta y entre de nuevo para tratar de mejorar la posición, pero en la maniobra el buque queda iluminado al quedar fuera de la sombra que proyecta la roca, lo que hace que aumenten los disparos desde tierra. De nuevo el barco se aproxima a la caleta y embarcan a ocho personas más, en total 66 personas.

     Acto seguido, comienza la maniobra de evasión, y a las 03:00 el «Peral» se abarloa al «España» y comienza el desembarco de la gente, que sube a bordo por la escala de botes.

     En la noche del 18, el «B-1» realizó la misma maniobra que la noche anterior él «Peral», atracó en la cala del Cementerio bajo el fuego enemigo y además por la fuerza de la corriente, se vio obligado a mover las máquinas para mantenerse en la posición adecuada durante las tres horas que duró la dificultosa empresa, recogiendo treinta y siete personas, con iguales riesgos y fortuna que lo hiciera el «Peral».

     Los submarinos regresaron a la Península el día 19 de abril, fondeando en Aguilas el 20. El «Peral», por averías, efectuó parte de su viaje a remolque del «B-1». El día 21 atracaron en el Arsenal de Cartagena, en las torretas de los submarinos podian apreciarse algunos impactos de fusil, que afortunadamente no llegaron a herir a nadie.

     El peñón de Alhucemas, también asediado, a diario desde la playa y desde las alturas que rodean aquella bahía, estaba muy necesitado de aguada, por llevar varias semanas incomunicado debido a la presión enemiga. Para realizar esta operación se designo a la División de Submarinos, integrada por el «Torpedero nº22», el «Issac Peral», el «B-1» y él «A-3», que una vez alistada, salió de Cartagena el 2 de Junio de 1922 y llegó a Málaga al día siguiente. El día 5 salió para Alhucemas, donde recaló al anochecer.

     El «Peral», navegando sigilosamente en superficie, siendo ya de noche cerrada, consiguió meter la proa en la Cala del Salto de la Pepa en el Peñón, se comunicó con la guarnición y se preparó en unión del «B-1», para dar agua a la Plaza. En ese momento fueron descubiertos por el enemigo, que abrió fuego de cañón y fusil obligando a la División a retirarse.

     El día 6 fondeó la División en Melilla, y el 7 entró en Cartagena. El día 20 del mismo mes de junio sale la División a la mar, para realizar una nueva tentativa de aguada. Esta vez se agregó el «B-2» a los buques anteriores. Entró en Málaga la División el 21 y el 23 sale para Alhucemas, donde recaló al anochecer como la vez anterior. La operación fue realizada por el «Peral», y el «B-1» que quedaron abarloados y con las proas metidas en la Cala del Salto de la Pepa. El «B-1» dejó un anclote tendido por su popa y el «Peral» dio una boza a tierra. A pesar de la fuerte corriente y de tan falsa posición, aguantaron desde las once de la noche hasta las tres de la madrugada en la operación de tender mangueras y de abastecer por medio de ellas al Peñón con cuarenta toneladas de agua potable. La retirada se efectuó tras difícil ciaboga entorpecida por los restos del naufragio del «Juan de Juanes». El día 24 fondeó la División en Melilla y el 25 llegó a Cartagena.

     Por estas acciones, y tras los informes de la Armada, S.M. el Rey don Alfonso XIII concede al capitán de fragata don Mateo García de los Reyes la Medalla Naval, máxima distinción que se otorgaba en aquella época. Dicha medalla fue costeada entre todos los miembros de las dotaciones del «Peral» y «B-1», y ofrecida a su jefe como muestra de cariño.

     La Medalla Naval que había recibido el jefe de Flotilla, se hizo extensiva a los tenientes de navío Carre y Regalado, comandantes respectivamente del «Peral» y del «B-1». El resto de las dotaciones de los dos submarinos también recibieron otra condecoración, aunque de menor entidad.

     El día 27 de julio de 1922, el «Torpedero nº 22» y los submarinos «B-1» y «B-2» practicaron un reconocimiento en el Peñón de Vélez y sufrieron un ligero paqueo de fusil.

Dotación del submarino "A-1", y el "B-1" al fondo. Gabinete Fotografico de la ESUB.

Dotación del submarino «B-1» en 1924.
Foto donada por D. Jose Sierra Méndez nieto del Comandante del «B-1»
T.N. D. Jose Sierra Carmona. situado en el centro de la imagen

Dotación del submarino «B-1» en agosto de 1926.
Gabinete Fotográfico de la ESUB.

T.N. D. José Sierra Carmona Comte del “B-1” sentado en la vela 1926.
Foto donada por D. Jose Sierra Méndez

Cuando empezó la Guerra civil se encontraba en Dique Seco, en la base de submarinos de Mahón, donde permaneció hasta el 11 de diciembre de 1936. Pertenecía a la División de dicho puerto, era su comandante el T.N. Núñez de Olañeta. y siendo Jefe de Flotilla al Capitán de Corbeta Isidro Sáiz de Corratgé.

     Al finalizar las obras sale hacia Cartagena efectuando las pruebas de mar, con el Capitán de Corbeta Remigio Verdia, (impulsor del arma submarina republicana durante los primeros meses de la guerra, que murió en las calles de la ciudad de Málaga el 2 de enero de 1937, por un bombardeo de la aviación nacional. Con su muerte, se pierde a la persona más capaz para manejar el Arma Submarina) y como comandante al Alférez de Navío Sebastián Gallo Martínez, para incorporarse a las operaciones en el Mediterráneo.

     Efectuando una de sus patrullas, avistaron al crucero «Cervera», pero era tal la confusión reinante a bordo que no se le efectuó ningún lanzamiento. A finales del año 1936, al desaparecer esta División de Mahón, el submarino pasa destinado a Barcelona, donde en enero de 1937 entra a reparar en los talleres Nuevo Vulcano de la Barceloneta por una pequeña entrada de agua, termina de reparar y efectúa varias patrullas por las costas catalanas, levantinas y un crucero por el Cantábrico.

     A primeros de febrero entra en Cartagena, vuelve a salir a los pocos días y entra a mediados de mes en Mahón, hace algunas patrullas por el Estrecho de Gibraltar, y al poco tiempo pasa destinado a Almería. En el mes de abril entra en este mismo puerto, para reparar una avería en la chumacera. De nuevo en la mar efectúa operaciones de escaso interés en el Mediterráneo donde permanece hasta el día 11 de noviembre de 1937 que llega a Cartagena nuevamente averiado, procedente de Valencia y Alicante, donde sufrió un abordaje en este último puerto con un barco mercante inglés que le dobló parte de la superestructura de proa, quedando desde esta fecha arrumbado hasta el final de la guerra, fecha en la que se encontraba casi hundido.

     En 1949 fue hundido al ser usado como buque blanco.

COMANDANTES DEL SUBMARINO "B-1"

TN. D. FRANCISCO REGALADO RODRIGUEZ
de 10.01.1922 a 11.01.1924
TN. D. JOSE M. DE ROTAECHE RODRIGUEZ
de 11.01.1924 a 04.08.1924
TN. D. JOSE SIERRA CARMONA
de 04.08.1924 a 06.09.1926
TN. D. CLAUDIO ALVARGONZALEZ SANCHEZ-B.
de 06.09.1926 a 11.09.1928
TN. D. RAMON DE AUBAREDE LEAL
de 11.09.1928 a 15.09.1930
TN. D. CARLOS AGUILAR-TABLADA TEJON
de 15.09.1930 a 16.09.1932.
TN. D. FELIX OZAMIZ RODRIGUEZ
de 16.09.1932 a 16.09.1934
TN. D. NARCISO NUñEZ DE OLAñETA
de 13.10.1934 a 18.07.1936
AN. D. SEBASTIAN GALLO MARTINEZ
de 18.07.1936 a 11.11.1937
INUTILIZADO
de 11.11.1937 a 19.04.1939
TN. D. JOSE M. MENA RUIZ DEL PORT
de 19.04.1939 a 13.05.1939
TN. D. JOSE L. PEREZ CELA
de 13.05.1939 a 01.10.1939